El dilema imparable de la migración.

“But it was only fantasy
The wall was too high 
as you can see
No matter how he tried
he could not break free
And the worms ate into his brain”

Hey you. –Pink Floyd (Roger Waters)

Una invasión masiva a territorio mexicano está ocurriendo en este momento.

Aunque no es nada nuevo, todo el tiempo hay una llegada silente de miles, en lo que llevamos con este nuevo gobierno surgió una modalidad que nunca habíamos visto de caravanas de miles intentando cruzar en grupo. En oleadas intermitentes, nuestros vecinos del sur se están metiendo al país con el arrojo de quien se rifa la vida y la de sus hijos. Para la gran mayoría de ellos su destino soñado está más al norte de México, pero al parecer, muchos están encontrando en esta tierra un premio de consolación bastante aceptable. Decenas, cientos de miles son deportados cada año a sus países desde el nuestro, la pobreza y la miseria son fábricas inagotables de migrantes por lo que el flujo es permanente y creciente.

Ahora, tal vez más que nunca, a México llegan personas de muchos países, casi todos para buscar la vida en Estados Unidos.

El tema resulta candente en este momento en que nuestras autoridades enfrentan complicadas negociaciones para evitar las tarifas arancelarias anunciadas por el presidente Trump. Si bien hay factores políticos y electorales involucrados en la imposición arancelaria, la amenaza se centra en el afán de detener los flujos migratorios hacia Estados Unidos.

Nuestra especie ha migrado siempre y cuesta trabajo pensar que en algún punto dejaremos de hacerlo. Está en nuestra naturaleza y responde a un impulso irrefrenable por mejorar nuestras condiciones de vida.

Pero hay una enorme diferencia entre migrar voluntariamente por un anhelo de crecimiento y prosperidad, a hacerlo orillado por la desesperación del hambre, la inseguridad o los conflictos bélicos, o peor aún, bajo la manipulación de personas u organizaciones que se enriquecen con el traslado o tráfico de personas al norte.

La migración masiva del sur no es privativa de nuestra región como podemos verlo en “Malilla. El otro lado de la valla.” En este gran capítulo de la exitosa serie Salvados, el director y productor de origen catalán Jordi Évole hace un magnífico retrato del fenómeno que vive su propio país con la migración subsahariana. Un desgarrador retrato de nuestra más humana condición y las terribles formas en que los Estados, incluso europeos, lo enfrentan.

Una excelente pieza documental que pone el dedo en la llaga y señala con claridad algunas causas de este estado de cosas, así como del absurdo sistema de fronteras que hemos construido como civilización.

De manera sublime, Évole nos muestra a hombres y mujeres que al otro lado del mundo, con otros idiomas y color de piel, sueñan igual que nosotros en tener una vida mejor.

La serie tiene excelentes capítulos en temas variados que nos afectan a todo el planeta, pero este episodio en específico logra una narrativa magistral para llevarnos de la mano desde los rostros impávidos de migrantes africanos, hasta el esbozo del complejo sistema que propicia este fenómeno en esta región particular.

Ver el documental nos hace preguntarnos ¿Qué hay detrás de nuestro propio fenómeno americano de migración; qué detrás de estas caravanas masivas; de la obsesión electoral del presidente estadounidense; de la respuesta a veces solidaria, a veces racista de los mismos mexicanos? ¿Qué podemos esperar del vecino norteño cuando cedamos a la presión comercial? o cuando no lo hagamos. ¿Hasta dónde puede la economía y sociedad de un país como Estados Unidos soportar el influjo migrante que no se detendrá? ¿Hasta dónde puede hacerlo un país como el nuestro?

El problema de la migración es tan complejo como la humanidad misma y, al parecer, lejos estamos de poder detener el dolor, sufrimiento, deportación e incluso muerte de quienes se ven obligados a abandonar sus lugares de origen.

Las condiciones que propician la migración seguirán empeorando con el cambio climático, la crisis económica global y la transformación tecnológica.

Sin embargo, debemos tomar conciencia de la dimensión humana del problema y nunca perderla de vista. Son personas atrapadas, luchando por vivir en medio de fuerzas y procesos desalmados que los trascienden. Debemos usar toda nuestra inteligencia colectiva para cambiar el estado de cosas o, al menos, para comenzar a entender que los flujos migratorios no se detienen por decreto, sino incidiendo en sus causas, largamente ignoradas o peor aún, aprovechadas durante siglos por los países desarrollados. Y sus causas más profundas residen en nuestra propia mente.

El miedo construye muros. Y seguramente es el miedo, la ignorancia y la discriminación lo que subyace y cimienta las vallas fronterizas que continúan hasta más allá del horizonte, por todo el planeta. Pero los pesados muros que nos dividen entre países y peor aún entre personas, comienzan en nuestra mente. Son nuestras creencias, prejuicios y recelos atávicos los que tal vez nos separan, pero que definitivamente en lo personal nos aprisionan y aislan. Atrapados en nuestra manera de pensar cancelamos cualquier versión que ponga en riesgo nuestro sistema de creencias. Si hemos de cambiar nuestro mundo, la tarea comienza en nuestra mente. It´s time to break free.

Con el suficiente tiempo, todos los muros pueden caer. Si algo ha demostrado la voluntad humana en los últimos 70 mil años es su condición imparable.

Aquí el link a esta magnífica serie en Netflix, no se pierdan el capítulo sobre Melilla:

https://www.netflix.com/mx/title/80993502