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Trolls: ¿héroes o canallas?

Domingo, 10 Agosto 2008

 
 

Trolls: ¿héroes o canallas?

Troll

Cualquier leyenda digna de llamarse como tal requiere de la construcción de un villano arquetípico, de un ser que materialice al mal. Nuestra nueva historia en las redes sociales del mundo virtual se está escribiendo todos los días a la velocidad en que el futuro se convierte en pasado. Todos los días estamos descubriendo situaciones y comportamientos masivos que nos sorprenden, nos divierten y nos hacen reflexionar. Desde el “Ya güey” hasta el “Fuaa”, hemos sido testigos de las reacciones de una parte de la sociedad igual ante cosas así de triviales, como ante eventos de trascendencia mayúscula como la marcha por la paz encabezada por Javier Sicilia.

Muchos se declaran expertos en el uso de las redes con fines de posicionamiento, publicidad y negocio, pero la realidad es que los expertos lo son al día. Algunos llevan ventaja en el conocimiento y manejo de las redes virtuales, pero nadie sabe con certeza lo que depara el día siguiente en el uso de estas mágicas herramientas que sin duda son ya legendarias.

Lo que sí sabemos es que potencializan la comunicación de los individuos y las organizaciones. Cuando esta comunicación se realiza con objetivos claros, la posibilidad de alcanzarlos se incrementa. Las comunidades tienen la oportunidad de fortalecer su cohesión, de afinar sus objetivos, de incrementar sus alcances y facilitar su movimiento, como lo vemos en las innumerables causas y grupos que se forman a diario en Facebook, o como lo vimos en los disturbios de Egipto.

Pero su uso no siempre está enfocado a la productividad, la publicidad o la sociedad como lo confirman todos los días nuestros hijos y sus comunidades de amigos. Tampoco son tan gratuitos cuando se les utiliza como aparadores públicos por personajes públicos. Ganar un millón de seguidores, prácticamente gratis, en tres días como lo hizo Charlie Sheen en Twitter, otorga un gran poder de influencia que conlleva responsabilidades y obligaciones.

Una moda reciente es la de usurpar la personalidad de alguna figura pública, lo mismo puede ser Steve Jobs que Hugo Chávez, Brozo o Felipe Calderón. El usurpador en cuestión recibe el término de ‘troll’ en el glosario de las redes sociales y su misión en la vida o al menos en el timeline es satirizar, ridiculizar y hacerle la vida de cuadritos al personaje real a partir del cual ha cobrado vida.

La autocomplacencia y la egolatría son características de los usurpadores; su desacuerdo es lo único que están dispuestos a compartir y en esa misma medida, ejercerán o no interacción con otros. Aquí cabe señalar, que un verdadero troll –y no payasadas– tiene estudiado a su personaje, domina sus expresiones y se valdrá de cualquier cosa para lograr su cometido.

El troll es creador y controlador del caos pero su éxito radica en la fortaleza de su audiencia, por paradójico que parezca, un troll necesita fans, testigos fieles de lo que destruye, ridiculiza y convierte en controversia para cumplir su rol de detractor.

En todo caso, los trolls son generadores de equilibrio y de contexto porque seamos francos, en esta vida, no todo puede ser color de rosa ni estar bajo el mismo criterio –sería aburridísimo–, así que de momento, nosotros recomendamos que si es víctima de alguno, se arme de paciencia, respire profundo y comience a contar hasta un millón, pero sobre todo, que nunca responda a sus provocaciones pues son carnada fresca para convertirlo en un animal insaciable, así que recuerde la máxima que se aplica en estos casos y por favor “No alimente a los trolls”.