HOME

BITÁCORA

OMM

SYP: Así ensamblamos un logo

Jueves, 28 agosto 2014

 
 


Desde que abrimos los ojos por la mañana, nuestro cerebro empieza a recibir estímulos publicitarios: lo primero que vemos, además de la hora, es el logo del aparato que emite el aterrador sonido que nos expulsa de la tibieza de nuestro tálamo. A partir de ese momento, los estímulos son constantes: el jabón para lavarnos las manos, el cereal del desayuno, la ropa que elegimos… todo tiene una marca que podemos reconocer a través de su logotipo (aunque no lo hagamos de manera consciente). Se estima que una persona que vive en una ciudad y consulta o utiliza medios de información recibe aproximadamente 3,000 impactos publicitarios al día.

Es por eso que en OMM nos tomamos muy en serio la tarea de diseñar un logotipo. El logotipo es la cara de la marca, aquello que la identifica y permite que se distinga dentro de la enorme oferta de imágenes que nuestro cerebro debe decodificar a diario. El logotipo dice mucho más que el nombre de la marca, nos habla de su personalidad, del mercado al que está dirigida, de los valores que quiere transmitir y de las sensaciones que espera despertar.

Desarrollamos hace poco la imagen de la marca SYP, una empresa de Grupo Junghanns que ofrece productos de limpieza para la industria. En este caso, diseñamos un logotipo completamente tipográfico que se ve serio, sólido e industrial. Para lograrlo, usamos una tipografía sans serif (es decir, sin patines que sobresalgan de los remates) la cual es congruente con la “modernidad industrial” de la categoría donde compite la empresa. Las letras S-Y-P se unen a través de la “Y”, fundiéndolas en un mismo bloque para convertirse en un símbolo, en un sello de calidad. Se eligió el color azul, en una tonalidad que manifestara seriedad y energía a la vez, porque el azul puede asociarse con la limpieza y transmite confianza y tranquilidad.

El primer paso fundamental para el desarrollo de una imagen de marca es conocerla a fondo y conocer el mercado en el que se inserta. Con ese fin, conducimos un proceso de briefing con nuestros clientes, además de un trabajo de investigación y benchmarking. En cualquier caso, el diseñador involucrado debe tener los ojos bien abiertos para poder reconocer todos los matices que hablan de la marca y su mercado para poder traducirlos en una propuesta gráfica.

El siguiente paso es realizar bocetos que se irán puliendo hasta conseguir uno capaz de representar a la marca. En este proceso cada detalle gráfico es vital para lograr el resultado final.

Después de mostrarle al cliente las propuestas y ajustar los detalles necesarios, el logo está listo para representar a la marca en el mercado. El último paso, antes de lanzarlo al ruedo, es elaborar una guía de identidad que permita regular el uso de la imagen gráfica de la marca y evitar que se cometan crímenes tales como deformar el logo, cambiarle el color, no respetar el tamaño mínimo o invadir las zonas de seguridad que lo rodean.



Enhorabuena a SYP Junghanns por este importante avance hacia el éxito de su proyecto.